Se entiende por respeto relacionarnos con la persona mayor evitando cualquier intromisión en su intimidad y cualquier maltrato, procurando siempre, hacerlo sentirse bien ante sí mismo y ante los demás.
Cerrar la puerta cuando se baña, hablarle como persona mayor y no como un niño, date el tiempo para escucharlo, son señales de respeto.
El respeto nos dice: la persona mayor no es un objeto, es una persona digna como las demás.
La dignidad del cuidador es contraparte del respeto de la persona mayor. El cuidador es un ser humano, que requiere de tiempos y espacios propios, que exige ser escuchado y apoyado, que requiere estimulo y agradecimiento.
Exigir descanso y ayuda, disponer de los recursos necesarios para su tareas, son reconocimientos a la dignidad del cuidador.
Ésta nos dice: el cuidador no es esclavo; es una persona al servicio de los demás.
La responsabilidad es la cualidad de obtener conocimientos, actitudes y desarrollar habilidades para desempeñar nuestra obligación de la mejor manera. Es establecer compromisos en un programa de trabajo, valorar los riesgos, tomar decisiones trascendentes y afrontar las consecuencias.
Conocer las capacidades propias y las limitaciones, realizar actividades conforme al programa de trabajo y a lo indicado por el médico.
Identificar a dónde recurrir para mejorar y a quién consultar ante situaciones inesperadas, prever y poder actuar con eficacia y oportunidad son muestras de responsabilidad del cuidador y de su compromiso con la persona mayor.
La paciencia es la virtud que nos da la fuerza para reemprender el camino cuando la realidad nos muestra que no hemos logrado aquello que habíamos pensado alcanzar. La paciencia nos hace aceptar nuestra realidad y, dentro de ella, reconocer y respetar las formas de actuar de otras personas y con esa tolerancia, superar los problemas.
Comprender y entender los propios enojos y las dificultades que nos provoca la persona mayor y sus familiares, nos dejarnos ganar por la frustración son muestras de la paciencia del cuidador.
El cuidador debe tener paciencia consigo mismo, con la persona mayor y con las personas que interactúan con ella.
El amor significa ofrecer a la persona mayor, además de respeto, responsabilidad y paciencia, los mejores medios para su bienestar. El amor, por tanto, implica centrar la atención en la persona mayor, conocerla, identificar sus necesidades, intereses y anhelos, acercarse con amabilidad y tolerancia, todo aquello que sea para su bien.
El amor se manifiesta, en la atención que le prestes a la persona mayor, en la propia superación que tengas como cuidador para atenderlo mejor.
El amor es hacer sentir bien a la persona mayor ante cualquier situación, y sobre todo ayudarlo a mantener y, en su caso recuperar, su funcionalidad e independencia.